35 mm de cine español: Berlanga

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35 mm de cine español: Berlanga

Mensaje por CHARLY el Dom 17 Jun 2012 - 9:50

Berlanga es el axioma de cine español, la importancia de su obra se admite sin necesidad de demostración. ‘35 mm de cine español’ quiere rendirle homenaje con dos de sus grandes obras: ‘El verdugo’ y ‘La escopeta nacional’, ésta como representante de la trilogía, rodada entre 1977 y 1982, que se completó con ‘Patrimonio nacional’ y ‘Nacional III’. Del blanco y negro al color, de la España más pobre a las corruptelas burguesas del tardofranquismo, del garrote vil a la escopeta de caza, todo forma parte del viaje del espectador por el mundo berlanguiano cuyo guía más lúcido es el guionista Rafael Azcona.

Iniciado en el largometraje en 'Esa pareja feliz' (1951) mano a mano con otro grande, Juan Antonio Bardem, el director valenciano pronto empezó a diseccionar en solitario un país lleno de miserias con el arma más subversiva a la que se enfrentó el régimen: el humor. En ‘'El verdugo'’ (1963) hay un alegato sin precedentes contra la pena de muerte a través de la comedia negra. Memoria viva del cine español, Alfonso Santacana, montador entre otras muchas películas de 'El verdugo', cuenta cómo rodaba Berlanga y su relación en la sala de montaje.

Protagonizada por José Isbert, Nino Manfredi y Emma Penella, 'El verdugo' dejó a toda Europa con la boca abierta en el Festival de Venecia y provocó que políticos que iban en busca de medallas acabaran siendo cesados cuando el régimen advirtió la deflagración de aquel guión. Además, también participan en este homenaje María Isbert, hija del gran Pepe Isbert y actriz de reparto en la película, quien nos atendió unos meses antes de su fallecimiento, y José Sazatornil ‘Saza’, que pasó de un pequeño papel en 'El verdugo' a su inolvidable Canivell, el vendedor de porteros automáticos que sueña con seducir a la alta sociedad en ‘La escopeta nacional’.

Miembros del equipo técnico y de producción como Miguel Gil, Marisol Carnicero y Alfredo Mayo, que acompañaron al realizador en su aventura por la España de la trilogía nacional, describen a Berlanga como un provocador nato, capaz de repetir sin descanso tomas de gran complejidad con un poder de manipulación que seducía a todos. Un camino de admiración a ritmo de los legendarios planos secuencia que concentraban a los mejores actores españoles en situaciones esperpénticas y con diálogos maravillosos. Sólo un privilegiado como él era capaz de visualizar una comedia inspirada en una cacería con los poderes fácticos del franquismo -basta decir que las escopetas que se utilizaron en la película pertenecieron al dictador, nada podría ser más berlanguiano-.

Actores como José Sacristán y Juan Diego, que trabajaron a sus órdenes en su última etapa, completan el retrato de un autor que firmaba todas sus películas citando al imperio austrohúngaro y cimentaba una personalidad arrebatadora con fetichismo, nobleza y una inteligencia “en un estado químicamente puro”, como la define Sacristán.

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Azcona, la otra mitad

Mensaje por CHARLY el Dom 17 Jun 2012 - 9:51

Berlanga tuvo la suerte de que su extraordinario talento fuera potenciado por Rafael Azcona, el mejor guionista del cine español, puede que de todo el cine europeo, que aportaría a su complejo mundo una mayor acidez y un sabio conocimiento de la naturaleza humana. De la pareja más fecunda nacieron dos obras maestras como ‘Plácido’ (1961), la favorita del director, y 'El verdugo', además de una serie de películas que, aunque no tan perfectas como las citadas, valen por sí solas más que filmografías enteras de muchos directores. Estos amigos -Azcona, según cuenta Miguel Gil, dijo que después de '‘La vaquilla'’ (1985) no trabajaría más con Berlanga para no pelearse y romper su relación-, elevaron la mala leche a categoría cinematográfica, pero sin dejar de dotar de dignidad a sus personajes más humildes.

Es habitual que la gente utilice el adjetivo 'berlanguiano', mas aún cuando se habla de la situación actual del país. Todo el mundo entiende su significado, aunque resulta muy complicado definirlo con precisión. Ya lo advirtió José Luis Borau, cuando en las páginas de EL CULTURAL reclamó para el cineasta valenciano una entrada en el diccionario de la RAE. Según apuntó el director de 'Hay qye matar a B', se califica así desde hace mucho ya a un "personaje, a una situación o a un hecho que reconocemos propios y característicos de nuestra peculiar forma de movernos y comportarnos en la vida. De un brochazo, queda reflejada la repulsa, el ridículo, una buena dosis de indulgencia, otro tanto de comprensión, algo de jarana con gotas de amargura y, muy escondido, casi imperceptible a primera vista, un cierto orgullo también".

Con el material para un guión que da esta crisis, todos hubiésemos soñado con los quehaceres de la saga de los Leguineche resucitada por Azcona y Berlanga en medio de bonos basura, personajes corruptos y rescates europeos. «Y ni fueron felices, ni comieron perdices porque allí donde hay ministros un final feliz es imposible», rotuló Berlanga al final de 'La escopeta nacional'. Pues eso, algo 'berlanguiano'. Afortunadamente, el cine no es como los cuentos y Berlanga nos dejó una obra ‘feliz’. Nadie mejor que él para cerrar esta temporada de '35 mm de cine español'. Volveremos.
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