Cuando Robert Redford vivió en una granja "hippy" en Málaga

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Cuando Robert Redford vivió en una granja "hippy" en Málaga

Mensaje por Soyasí el Lun 6 Mar 2017 - 18:22

Redford vivió allí con su mujer e hijos, como un “hippy”, sin agua caliente, sin teléfono.


Uno de los más afamados actores, el norteamericano Robert Redford, parece que ya no volverá más a ponerse delante de una cámara cinematográfica (detrás sí lo ha hecho varias veces, y con éxito, aunque tampoco sabemos si reincidirá). Únicamente siente pasión por el Festival Sundance, cuya última edición tuvo lugar no hace muchas semanas. Está cansado de su trabajo, y en eso coincide con su viejo amigo y querido compañero, en Todos los hombres del Presidente, Dustin Hoffman, sobre el que escribíamos meses atrás precisamente por su adiós al cine. Robert Redford cumplió ochenta años en agosto, después de haber rodado en 2015 Un paseo por el bosque, con Nick Nolte, y el pasado año Peter y el dragón, una producción de Walt Disney. Son sus últimos filmes. Los que seguramente pueden figurar como su testamento cinematográfico, después de haber intervenido en medio centenar de títulos. Entre ellos joyas como Descalzos en el parque, donde formó una deliciosa pareja con Jane Fonda; Dos hombres y un destino, en un mano a mano con una imbatible estrella, Paul Newman; Tal como éramos, junto a la siempre interesante Barbra Streisand; El gran Gatsby, adorable en la compañía de Mía Farrow; Memorias de África, emparejándose con Meryl Street en uno de sus mejores trabajos; o en Peligrosamente juntos, ya en 1986, con Debra Winger…

Como no es cuestión de que incorporemos aquí toda su filmografía, que puede hallarse fácilmente, contemos algún pasaje de su vida, que tal vez no sea tan conocido de los cinéfilos admiradores de nuestro personaje. A quien millones de mujeres han adorado en las pasadas décadas cuando coincidían en sostener que su ídolo era uno de los hombres más guapos del mundo. "¡Ni que fueras un Robert Redford!", he escuchado a muchas españolas cuando alguien trataba de ligar. Se convirtió en una frase común.

Haciendo memoria espero no equivocarme asegurando que es uno de los pocos actores en utilizar su propio nombre para su carrera, sin recurrir a inventarse otro. Seguramente porque Charles Robert Redford, nacido en Santa Mónica en 1936, pensó con buen juicio que era absurdo renunciar a su apelativo, que suena bien. Lo único es que prescindió del primero de su doble denominación. A los veinte años murió su madre, de cáncer. Eso lo llevó casi a la desesperación, refugiándose en la bebida hasta rozar límites rayanos con el alcoholismo. Resolvió dejar Los Ángeles y viajar a Europa. Estuvo en Barcelona y en Palma de Mallorca, en Puerto Alcudia, entreteniéndose con su afición a pintar.

De allí saltó a Mijas, el pueblo malagueño donde descubrió la existencia de los llamados "burro-taxis". Aún así, sabemos que se desplazaba en moto. Después de haber intervenido en tres películas resolvió tomarse un año sabático. Era 1957 cuando continuó pintando, fascinado por la belleza de nuestra Costa del Sol. Volvería a finales de los años 60, ya siendo un actor suficientemente conocido y con un patrimonio elevado, como para permitirse alquilar alguno de los muchos chalés de millonarios que abundan entre Marbella y Estepona, por ejemplo.

Pero, no. Robert Redford optó por una vieja casa, sin agua caliente, con lo que ya pueden hacerse una idea de las comodidades que disfrutó. Sin teléfono, por supuesto. ¿Lo hubiera imitado hoy alguno de sus colegas, que como media Humanidad no deja ahora el móvil salvo cuando se meten en la cama, y para dormir? Pero a nuestro galán no le importó. Quien ya había rodado La jauría humana y La rebelde, aquí compartiendo cartelera cinematográfica junto a la monísima Natalie Wood, con la que se lió una temporada. Le alabo el buen gusto, recordando la belleza de aquella desgraciada mujer que acabó ahogada en extrañas circunstancias cuando se hallaba en un yate junto a su entonces amante Robert Wagner, episodio que la policía no supo, o no quiso, resolver, puesto que se barajaron muy serias conjeturas de que alguien del barco la había arrojado a las aguas, en alta mar, y no recuerdo si quitándole la vida antes.. link

En aquellos parajes de la Costa del Sol pasó siete meses Robert Redford en compañía de su primera esposa, Lola van Wagenen, con la que se había casado en 1958, ya superada su adicción a levantar el codo y su depresión por la muerte de su madre. Pero la desgracia también le persiguió en su nuevo estado, ya que el primogénito de la pareja murió al año de su matrimonio, dejando al actor de nuevo desolado. Luego tuvo tres hijos más. Aquella experiencia en una granja malagueña, donde a propósito había decidido vivir al estilo "hippy", (entonces de moda en San Francisco, que atrajo en Europa también a muchos jóvenes), Robert Redford la calificó de maravillosa. Recordaba: "No bailé, no aprendí flamenco, pero lo pasé bien". Uno de sus retoños, Janie, escribió en una biografía sobre su padre: "Ni se preocupó en aprender español". Dedicaba toda su energía en pintar cuadros. Hubo un tiempo anterior en el que se había planteado dejar el cine por los pinceles. Afortunadamente ganamos un buen actor, aunque el arte pictórico perdiera un buen paisajista.

Su matrimonio con Lola duró hasta 1985. No se le conocieron muchas conquistas, aunque quede la duda, dada su extraordinaria popularidad y fuera tan deseado por las féminas, que se encamara con más de una. Pero sólo consta que en aquel año de su divorcio se fue con la exótica brasileña Sonia Braga, que lo encandiló cierto tiempo. Si luego tuvo más romances, lo ignoramos a pesar de haber rastreado sus andanzas. Hasta que en 2009 encontró a la mujer que aún continúa amando, Sibylle Szaggars. En 2012 aceptó volver a tierras malagueñas para, amén de recordar sus dos viajes en décadas anteriores, pronunciar una charla sobre sus experiencias como impulsor del Festival Sundance de Cine Independiente, que él patrocina generosamente desde sus inicios, gracias al cual han sobresalido algunos jóvenes talentos. Robert Redford está reconocido en su profesión no solamente por el apoyo prestado a ese Festival, sino a diferentes obras de carácter benéfico-social y solidario en las que está involucrado.

Es un hombre dotado de una gran sensibilidad para abordar como guionista, productor y director de películas como Gente corriente, Un lugar llamado Milagro y El río de la vida. Que además, técnicamente como reconoció la crítica internacional, fueron impecables. Pero, ya decíamos, a su edad, esos ochenta años que deben pesarle, ha decidido poner punto final a su brillante carrera cinematográfica. Se han divulgado imágenes suyas de los últimos años, con el consiguiente desgaste físico que se advierte en su rostro, ya poblado de arrugas. No es, obviamente, ese galán de hace treinta y tantos años, que fascinaba a su clientela femenina, con sus ojos azules, con sus cabellos rubios. ¡Vamos, como un príncipe de cuento de hadas! Pero siguiendo con su conducta, tan distante de la frivolidad, ni siquiera ha considerado algo que la mayoría de los galanes llegados a la frontera con la senectud han hecho. Y es someterse a la cirugía estética. Robert Redford abomina de esos afeites y apaños prefiriendo ser el mismo de siempre, tal y como la Naturaleza nos refleja, nos dicta.

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