Pablito Calvo 15 años en el recuerdo

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Pablito Calvo 15 años en el recuerdo

Mensaje por Soyasí el Dom 1 Feb 2015 - 11:24

EEUU tuvo a Mickey Rooney y Shirley Temple. En España tuvimos a nuestro Pablito Calvo.



Durante los años 30, 40 y 50 el cine norteamericano alumbró a varias estrellas infantiles, con resonancia mundial, entre las más recordadas Jackie Coogan (Chiquilín), Mickey Rooney (que tendría una larga carrera hasta morir nonagenario) y Shirley Temple (quien luego de abandonar la pantalla se dedicó activamente a la política). En España, se supone que por puro mimetismo, ocurrió otro tanto. Y así surgieron los entonces llamados "niños prodigio", entre mediados los años 50 y los primeros 60, que fueron Joselito, Marisol y Rocío Dúrcal y Pablito Calvo.

Este último nada tenía que ver con los otros, quienes llegaron al cine por sus cualidades musicales. Pero Pablito, no; Pablito no cantaba. Lo que tenía era una mirada dulce que la cámara supo atrapar en una película ya histórica, por la cantidad de veces que, después de su prolongada exhibición en las salas cinematográficas, se ha emitido por las pantallas de televisión: Marcelino, pan y vino. La dirigió el húngaro Ladislao Vajda con un guión basado en el cuento de igual título de José María Sánchez-Silva: un recién nacido al que dejan a las puertas de un convento de frailes. Lo normal hubiera sido que, al no hallarse allí mujer alguna, el bebé fuera a parar a un hospicio. Pero, no: lo criaron los propios religiosos quienes, como es natural, se encariñaron con el pequeño Marcelino. Las correrías de éste por el convento lo llevaron un día al desván, donde se encontraba la imagen de Cristo Crucificado. La escena más conmovedora del filme es cuando Marcelino le alarga un trozo de pan… y la mano derecha de Jesús desciende para recoger la ofrenda del dadivoso niño, quien también le dejaba un vaso de vino.

Recuerdo todavía la emoción cuando vi el largometraje. Se estrenó en 1954. Y hasta el Papa Pío XII recibió en audiencia especial a Pablito Calvo, enternecido por su convincente interpretación. Con el paso de los años tuve el placer de entrevistarlo en varias ocasiones, ya alejado del cine, en la última de las cuáles, por cierto, se equivocó al decirme que tenía siete años cuando rodó la película, olvidando que sólo contaba cinco: "Me presentó mi abuela a un concurso tras leer el anuncio en un periódico donde pedían a un niño para hacer una película. "Mi nieto vale para eso", dijo al llegar a la productora. Había muchos niños que querían ese papel pero las pruebas las gané yo. Creo que me pagaron unas cinco mil pesetas nada más pero yo me lo pasé muy bien. Para mí era como jugar. Obedecía cuanto me pedía el director. Estuvimos en los estudios Chamartín, de Madrid y en varios pueblos, El Espinar (Segovia) y La Alberca (Salamanca). La voz me la dobló una locutora de Radio Madrid, Matilde Vilariño". Marcelino pan y vino constituyó un éxito para el cine español en los festivales de Cannes, Venecia y Berlín, en este último premiada con el Oso de Oro. Esos viajes supusieron para Pablito Calvo el encuentro con grandes figuras como Cary Grant, James Stewart, Gina Lollobrígida...

Hasta 1962 Pablito Calvo rodó, tras su afortunado debut, otras siete películas, aunque sólo dos, las que siguieron a Marcelino, pan y vino, merecieron la atención de la crítica y el público: Mi tío Jacinto, y Un ángel pasó por Brooklyn, también a las órdenes de Ladislao Vajda, la primera de ellas junto a Antonio Vico y la otra al lado del gran Peter Ustinov. ¿Por qué fracasaron los demás largometrajes? Pablito se había hecho mayor, perdiendo el candor de su niñez. Aunque el interesado me confesó esto, cuando tenía cuarenta y un años y ya llevaba retirado más de un cuarto de siglo: "La verdad es que alguna vez me tentaron para que volviera, pero a mí no me interesaban aquellos papelitos que me ofrecían. Si yo había sido protagonista siempre no me iba a conformar con cosas menos atractivas. Dejé el cine, pero sin pena".


Con el dinero ganado como actor sacó adelante a su modesta familia. Su padre era encargado de una empresa de la construcción. Pablito estudió Ingeniería Industrial. Puso un negocio de calefacción, abrió una "boutique" (atendida por su mujer, Juana Olmedo, con quien se casó en 1976 y tuvieron un hijo llamado como el padre), probó en un negocio de hostelería y más tarde se dedicaría a vender viviendas en Torrevieja, donde se asentó a vivir diez años después de su boda. Le pregunté si había vuelto a ver Marcelino, pan y vino. Me respondió: ¡Noooo! En su día ya tuve que verla muchas veces por obligación. Las primeras veces me dormía y me sacaban del cine en brazos porque era muy pequeño". Me dijo que nunca se había considerado un niño prodigio. Puede que estuviera en lo cierto pues en sus películas se comportaba con absoluta naturalidad: "Recuerdo mi experiencia en el cine con agrado… y nada más. Ahora sólo me interesan los negocios".

Me pareció, tantas veces que hablé con él, un joven sencillo, responsable, sin vanidad alguna, respetuoso en el trato, que hablaba muy tranquilamente y procuraba sonreÍr tras sus respuestas. Sonrisas que dejaban entrever cierta dulzura todavía, como cuando era niño. Ya no supe más de él ni creo que los medios de comunicación le hicieran más caso, salvo Televisión Española, que lo invitaba de vez en cuando a través de José Manuel Parada, al programa nostálgico de los sábados Cine de barrio, con ocasión de que emitieran algunas de sus películas. El 1 de febrero de 2000, hace justo ahora quince años, falleció repentinamente víctima de un aneurisma cerebral. Le faltaba mes y medio para cumplir cincuenta y dos años. Entonces, sí, periódicos, emisoras de radio y televisión volvieron a acordarse de él. Porque millones de españoles conservábamos en el recuerdo su mirada en Marcelino, pan y vino. Por cierto, en Italia, Luigi Comencini rodó en 1991 un "remake" del mismo cuento y resultó un fracaso absoluto, en gran parte porque el niño de la nueva película carecía del encanto de Pablito Calvo.
FALLECIDO EN EL 2000

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El mago hizo un gesto y desapareció el hambre,
hizo otro gesto y desapareció la injusticia,
hizo otro gesto y se acabó la guerra.
El político hizo un gesto y desapareció el mago.


(Woody Allen)

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