Joe Cocker y el grito eterno

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Joe Cocker y el grito eterno

Mensaje por CHARLY el Dom 28 Dic 2014 - 19:57

El pasado lunes 22/12/2014, se apagaron muchas voces en una sola. Una vida, en el escenario de nuestras vidas. Porque el aliento arrollador de Joe Cocker contenía referencias a un buen puñado de pasajes de la historia moderna. Tenía esa capacidad de despertar sensaciones tan diferentes como las épocas que habían desfilado ante sus ojos. Y su gran victoria artística consistió, precisamente, en sobrevivir con su voz a cada uno de los estertores finales de aquellas generaciones a las que había cantado.

La primera versión del futuro gran hombre la encontrábamos en sus inicios: un chico que desde los doce años de edad comenzó a cantar con la estela de figuras como Ray Charles marcando su horizonte. La pasión de sus cuerdas vocales le hacía destacar en una vertiente de soul alejada por edad, distancia y cultura de sus figuras de referencia. Fueron unos años de duro aprendizaje y fiascos discográficos como su breve contrato con la Decca, que no pasó de una versión del tema I’ll Cry Instead de The Beatles. Una época de trabajo y dedicación, que puso a prueba su aguante e ilusión, al tiempo que le relacionó con extraordinarios músicos como un joven Jimmy Page, que le acompañaría a la guitarra en la grabación clave de su carrera.

El momento llegó a finales de la década de los sesenta, con una interpretación personal, entre el soul y el gospel, del tema (otra vez de los cuatro de Liverpool) "With a Little Help From My Friends". Cocker transformaba con su voz rasposa y espiritual un tema, para convertirlo en manual de referencia con el que explicar la tensión y expresividad de una época. Las notas que habían concebido Lennon y McCartney mutaban en un desgarrado sermón de espiritualidad por obra del intérprete, desde el púlpito generacional del festival de Woodstock de 1969. Porque el gran talento del artista estaba en su dramatismo escénico, el que tenían los grandes del género desde sus humildes orígenes. Joe Cocker consumía cada fibra de su ser en el escenario, revelándose ante aquella multitud en toda su sencillez y grandeza y pasando a la historia entre sudor, expresividad y pura alma musical (arropado de forma magistral por su Grease Band). No es extraño que el tema fuese elegido para abrir cada capítulo de la serie de televisión que ejercería de cronista de los días posteriores al evento, la maravillosa Aquellos Maravillosos Años. Hasta los propios Beatles la situaron por encima del original que habían escrito poco antes.


Aunque aquel monstruo de canción no eclipsaba otros destacados cortes que nos regaló en esa misma época, como "Delta Lady, Feelin’ Alright" y también algunos temas de composición propia, como "Sandpaper Cadillac". Todo este material lo podemos disfrutar en sus dos primeros trabajos de estudio, With a Little Help From My Friends y Joe Cocker!, ambos de 1969. Por si esto fuera poco, al año siguiente, un Cocker al límite demostraba su poderío en el extraordinario directo Mad Dogs & Englishmen, desde la icónica sala del Fillmore East.

A partir de aquí, nuestro artista se embarcó en una gira interminable que abarcó la década siguiente, con el alcohol como compañero de viaje y muchos problemas motivados por el exceso y el desequilibrio. No obstante, se las arreglaba de vez en cuando para brindarnos éxitos más que solventes, como aquel "You’re so Beautiful" editado en mitad de tan particular travesía.
Con los ochenta, llegó la penúltima bala en la recámara del de Sheffield, esculpido como baladista potente y reconocido, y que se materializaba en el tema principal del film Oficial y Caballero. Aquel dueto junto a Jennifer Warnes, que llevaba por título "Up Where We Belong", le devolvía al estrellato y le preparaba para otro éxito similar, ligado también al celuloide: "You Can Leave Your Hat On". Un tema marcado a fuego para otra generación, que se excitaba al ritmo del striptease de Kim Basinger en Nueve Semanas y Media, todo ello inducido por la sexualidad imbuida en la voz de Joe Cocker. Por aquellos años, aprovechó para reencontrarse con la obra de su admirado Ray Charles, con la revisión del clásico "Unchain My Heart".

Así pues, el genio rudo estaba de vuelta, y durante los siguientes veinte años se dedicó a pasear la fortaleza de sus cuerdas vocales por todo el mundo. Un espectáculo al que no podían hacer justicia los discos de estudio que salpicaron la última parte de su carrera, demostrando una vez más que el soul con mayúsculas se produce durante la magia del directo. El superviviente de demonios propios y ajenos predicaba al micrófono la grandeza de su propia experiencia, que había compartido con tantos mundos diferentes. Durante los dos últimos años de su vida, se tomó las cosas de forma algo más reposada y familiar, luchando a su vez con la enfermedad que se llevaba su vida el pasado lunes. Un final que tan solo abre la puerta a otro capítulo, el del recuerdo de la inmortalidad del alma.

DEP BUSTER

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