El largo calvario de Fiorella Faltoyano

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El largo calvario de Fiorella Faltoyano

Mensaje por Soyasí el Dom 19 Oct 2014 - 10:19

Durante nada menos que sesenta y dos años la actriz Fiorella Faltoyano figuró en su partida de nacimiento como nacida en Madrid el 10 de febrero de 1950, consecuencia de ello en prácticamente todas las enciclopedias del espectáculo aparece a día de hoy aún con esa fecha errónea. Lo cierto es que vino al mundo en Málaga el 19 de octubre de 1949, luego cumple ahora, justamente, sesenta y cinco años. Pero ese supuesto galimatías se incrementa al recordar que su madre la inscribió en el Registro Civil primeramente con sus propios apellidos Gil Paradela y el nombre de María Esperanza. La señora la había tenido fruto de unas relaciones no confesadas entonces, siendo madre soltera. A poco de nacer la niña, doña Asunción contrajo matrimonio con un caballero italiano, de nombre Juan Renzi, quien la adoptó como hija propia. Pero al hacerlo oficialmente, modificaron su identidad y así aquella sería inscrita como Blanca Renzi Gil, que es como continúa apareciendo la actriz en esas enciclopedias y como ella siempre creyó llamarse… hasta que su madre le contó la verdad de su vida, empezando por los datos de su nacimiento.


Para entonces, la cría contaba once años y se llevó el soponcio que puede suponerse: "Quien siempre has creído que es tu padre, no lo es". Y desde aquel momento, la existencia de la adolescente dio un brusco giro, preguntándose a menudo aquello de ¿quién soy yo?, ¿de dónde vengo?, interrogantes que modificaron su hasta entonces apacible existencia. Los que hasta entonces pensaba eran sus padres se habían separado, uniéndose su madre a un señor rumano, viudo y con dos hijas, de nombre Constantino Faltoyano (del que Fiorella tomaría el apellido para convertirlo en suyo artísticamente). Vivieron un tiempo en Suiza, luego de nuevo en Madrid para acabar en Málaga, que es donde, ya jovencita y en puertas de que su padrastro abandonara el hogar, debutó como aficionada en el teatro Ara, regentado por la "ex" de Edgar Neville, una acaudalada y generosa dama que protegía a jóvenes actores (uno de ellos sería el hoy renombrado Antonio Banderas).


Dando un salto en el tiempo, Fiorella Faltoyano, que debutó en la pantalla en 1967, se convirtió en una auténtica musa del cine de la Transición cuando se estrenó Asignatura pendiente. Todo un fenómeno sociológico, al punto que la actriz confiesa: "Todavía hoy siguen recordándome por esa película". El argumento: reencuentro de un abogado laboralista, personaje que encarnó estupendamente José Sacristán y una antigua novia, ahora ama de casa (Fiorella). Recuerdan su pasado, terminan dando a entender que sus respectivas vidas transcurren monótonas, que no son felices en sus respectivos matrimonios. Les invade la nostalgia romántica. Se preguntan por qué no consumaron aquella relación. Y deciden "aprobar" aquella "asignatura pendiente". Acostándose, claro.

Fiorella Faltoyano, a sus veintisiete años, se desnudaba por primera vez ante las cámaras, con una escena duchándose y otra, encamados. El filme, dirigido por José Luis Garci, constituyó un éxito sin precedentes. Ella percibió 700.000 pesetas; con el paso del tiempo se embolsó ¡cincuenta millones!, de pesetas, claro, por las veces que se ha repuesto en las pantallas y en las televisiones. En taquilla se recaudaron trescientos millones.


En adelante le siguieron ofreciendo guiones en los que tenía forzosamente que despelotarse. Con buen criterio, seleccionó sus trabajos, aunque tuvo que quitarse de nuevo el sostén en Esposa de día, amante de noche, ante Juan Luis Galiardo, con quien volvió a coincidir en La campanada. Unas fotografías de desnudos tomadas durante este último rodaje aparecerían, sin consentimiento de la pareja, en las páginas de Interviú. Fue inútil que reclamaran: la ley de protección al derecho del honor no se aprobó hasta tres años más tarde. Fiorella Faltoyano demostraría su calidad de magnífica actriz en posteriores trabajos cinematográficos (La colmena, Canción de cuna), en diversas series televisivas ( La Regenta, Hospital Central, Amar en tiempos revueltos) y más recientemente en los escenarios formando compañía con la también excelente Cristina Higueras. Reúne un notable historial artístico

Mas el contrapunto de su vida fue la obsesión por conocer a su verdadero padre, del que su madre desveló la identidad: un rico hacendado llamado Ramón Pardo Arias, que fue muchos años, durante el franquismo, alcalde de una pequeña localidad lucense, Ferreira de Pantón. Fiorella Faltoyano contaba treinta años cuando pudo estar frente a él, en el pazo de su propiedad. Le abrió la puerta, apenas se dijeron nada y él no quiso franquearle el paso, negándose a entablar conversación alguna. Farfulló: "¡Vete de aquí, hija mía…!". Ella salió llorando de aquel insólito encuentro aunque convencida de que su progenitor la había reconocido. No volvió a verlo. Cuando murió, ya viudo, Fiorella se propuso solicitar al juez competente la exhumación del cadáver. Así, tras unas pruebas de ADN logró ver reconocidos sus derechos, renunciando a gran parte de la herencia que legalmente le correspondía, respetando el último deseo de su progenitor, que había testado a favor de una sobrina que lo atendió en sus últimos tiempos.



A partir de 2012 Fiorella Faltoyano ya podía exhibir en su carné de identidad el apellido paterno, Pardo. No obstante, en esa larga lucha, ya había perdido a su madre. Y a su primer gran amor, el productor José Luis Tafur, con quien tuvo a su único hijo, Daniel, que la ha convertido en joven abuela. Afortunadamente, en ese largo calvario, encontró a quien desde hace veinte años comparte felizmente su vida, el cineasta Fernando Méndez-Leite. La mujer liberada, como la han definido en más de una ocasión desde la lejanía de Asignatura pendiente es un ser adorable, de trato sencillo, afable, que bien merece la paz interior, después de tantos años de intensa búsqueda de sus orígenes. Les recomiendo su autobiografía, publicada en el pasado febrero: "Aprobé en septiembre. Memorias de una conocida actriz y de una desconocida mujer". De aquí

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El mago hizo un gesto y desapareció el hambre,
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El político hizo un gesto y desapareció el mago.


(Woody Allen)

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