Se cumplen 50 años de la muerte de Cole Porter

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Se cumplen 50 años de la muerte de Cole Porter

Mensaje por HAROLD el Vie 17 Oct 2014 - 13:17

Cole Porter, icono de la música norteamericana, tenía una personalidad tan interesante como su propia música.


Cole Porter fue uno de los tres grandes de la música norteamericana junto a Irvin Berlin, y George Gershwin. Este 15 de octubre se cumple medio siglo de su muerte. Una personalidad fascinante la suya, fuera incluso del ámbito profesional. ¿Lo recuerdan hoy en día? Probablemente, no. Pero nos han quedado sus maravillosas comedias musicales. Y dos canciones, al menos, ya universales: "Begin the beguine" y "Night and day".

Nacido en 1891 en Perú, sin acento, estado de Indiana, medioeste americano, en el seno de una familia millonaria por parte de madre. El padre era droguero. Ambos le inculcaron la afición a la música y así, con diez años, componía su primera pieza para piano. Un niño prodigio. En 1916, después de su primer fracaso en un espectáculo de su autoría se marchó a París. Mintió, como tantas veces, contando que se alistó en la Legión Extranjera. Lo que hizo fue componer frenéticamente de día y vivir la noche en los ambientes más chic de la capital francesa. Era un dandy, pese a su baja estatura. Ya lo demostró en sus años en la Universidad de Yale exhibiéndose con trajes rosados y camisas de color amarillo.

Fumaba con deleite, bebía champaña con ricos manjares. En ese clima cosmopolita conoció a Linda Lee Thomas, divorciada de un millonario, del que se benefició de un elevado patrimonio. Mujer de gran belleza, amante del Duque de Alba (el padre de la actual Duquesa Cayetana). Quizás por esa relación, Linda le contó a Cole Porter cosas de España, de ahí que en algunas de sus canciones salga a relucir nuestro país. El caso es que se casaron. El músico, un declarado homosexual. No había engaño por medio, ella no ignoraba tal condición. Hasta se comentó que Linda era asimismo lesbiana. Digamos que, sexualmente, jugaba a dos barajas. Pero formaron una pareja muy compenetrada, alma del tout París. Veraneaban en la Riviera, iban con frecuencia a Venecia, de donde los expulsaron tras una escandalosa fiesta con efebos en pelota picada. Los escándalos aumentaban la fama de Cole Porter, amigo de las celebridades de su tiempo: Eduardo VIII, el rey efímero, Wiston Churchill, Bernard Shaw, Picasso, Coco Chanel…

En 1935, con aquella biografía a cuestas de libertino, se instaló en Hollywood, contratado por "la Warner". Firmó excelentes bandas sonoras: "Born to dance", "Alta Sociedad", "Las girls"… Se ganó brillantemente un Oscar por "True love", de la mentada "Alta Sociedad". Fue en 1956. Y hasta, anteriormente, le brindaron una película sobre su vida, partiendo del título de una de sus mejores melodías, Noche y día. Allí se contaba que esa canción la había compuesto en un hospital para inválidos de guerra, lo que era absolutamente falso. Claro está que el guión estaba asimismo edulcorado, al punto de que, entre otras manipulaciones, no se decía que fuera gay. Quien interpretó su vida fue su buen amigo Cary Grant, declarado homosexual también, a pesar de sus cinco matrimonios. Era el año 1946 y aquella cinta la firmó Michael Curtiz. No sería la última, pues en 2004 se estrenó De lovely, centrada en la vida de Cole y de su mujer. La protagonizaron Kevin Kline y Ashley Judd. Woody Allen lo homenajeaba en Días de radio, también en Hannah y sus hermanas. Y nuestro José Luis Garci en Volver a empezar, que le deparó, como recordarán, un Oscar a la mejor película extranjera.

Cole Porter se cayó un día de 1937 al suelo montando a caballo, su deporte favorito. Seriamente lesionado padeció la infección de su médula ósea. Quisieron operarlo para cortarle las piernas; se negó su esposa. Consecuencia de la negativa hubo de someterse en años posteriores a ¡treinta y cinco intervenciones quirúrgicas! Tendría que desplazarse a partir de entonces y hasta su muerte en silla de ruedas. En 1958, finalmente, sí que le tuvieron que amputar su pierna derecha, a la altura de la mitad del muslo. "Soy un medio hombre", diría entre irónico y amargado. Entonces se hizo fabricar un piano adaptado para instalarse sobre su cama. Porque siguió componiendo hasta sus últimos días, ya sin la compañía de su madre y su esposa, que habían fallecido: fueron quienes más lo apoyaron en su vida. Siendo millonario, famoso en todo el mundo, acabó casi en la más absoluta soledad, al menos sin haber conocido un auténtico amor que lo hiciera feliz. Sus relaciones homosexuales únicamente fueron fugaces encuentros para apagar sus deseos. En las letras de sus canciones –compuso más de mil- pueden encontrarse frases insinuantes, equívocas, de amores impuros.

Repasando su importante producción, sobre todo de comedias musicales, amén de las ya citadas llevadas a la gran pantalla, apuntemos "Kiss me Kate", basada en La fierecilla domada, de Shakespeare. Desde luego, aparte de "Noche y día", su canción más divulgada es, desde luego, "Begin the beguine", aquí conocida como "Volver a empezar". Interpretada por los más grandes intérpretes, desde Bing Crosby y Frank Sinatra a Louis Armstrong, aunque uno prefiera la versión instrumental a ritmo de swing de Artie Shaw. ¡Fantástica! Sin olvidarnos de la de Charlie Parker con su saxo rítmico. Pero sepan que quien primero grabó, en 1935, tan archiconocida pieza fue nuestro compatriota Xavier Cugat al frente de su orquesta, a ritmo de rumba. La dio a conocer en uno de los salones del fastuoso Waldorf Astoria, donde actuó tantos años.

Porter la compuso en 1934 durante un crucero por las islas Fiji, en un principio con aires de calypso. Sepan que la música de Porter ha sido también llevada al disco por artistas contemporáneos, de una larga lista en la que hallamos los nombres de Tom Waits, Annie Lennox, U2, Iggy Pop, Sinnead O´Connor, David Byrne, Bono… Y de casa, Julio Iglesias, Ana Belén… Los últimos tiempos fueron muy tristes para Cole Porter, en cama o a ratos en silla de ruedas; alcoholizado, drogadicto, con un horrible aspecto ofrecido por quien había sido en su juventud un discípulo de Beau Brumelll, árbitro de la elegancia. No se afeitaba y las visitas lo encontraban habitualmente embutido en una sucia bata de lunares. El duro ocaso de un genio de la música, fallecido, a los 73 años, el 15 de octubre de 1964, va a hacer ahora medio siglo.

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