Directores que probaron suerte con el musical

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Directores que probaron suerte con el musical

Mensaje por Soyasí el Jue 11 Sep 2014 - 10:15

Clint Eastwood se ha incorporado, con Jersey boys, a una larga e interesante lista de directores que, por diferentes razones, solo se adentraron una vez en el musical. Este complejo género, con reglas propias y en el que es fácil caer en el ridículo, les trató con desigual fortuna. Veamos a esos valientes.


'El Mago de Oz' – Victor Fleming, 1939
El director californiano tuvo que marcharse a mitad del rodaje para reanudar la tarea de George Cukor en Lo que el viento se llevó. Tiene guasa lo suyo: ha pasado a la historia del cine por dos obras maestras en las que realmente contribuyó poco. Las escenas más míticas de la historia de Dorothy fueron rodadas por King Vidor y el productor Mervyn Leroy. Fleming, curtido en el cine de aventuras –son magníficas sus adaptaciones de La isla del tesoro y Capitanes intrépidos-, no igualó nunca el éxito de estos dos títulos de 1939.

'El vals del emperador' – Billy Wilder, 1948
Oficialmente considerada uno de los títulos más flojos de su filmografía, uno se pregunta qué pinta esta bobería entre dos títulos de la calidad y acidez de Berlín Occidente y El crepúsculo de los dioses. Planteada como un homenaje a las operetas de Ernst Lubitsch, acaba recordando al peor Vincente Minnelli, en el que el fondo -un estridente technicolor- devora a la forma. A pesar de la simpatía de Bing Crosby y la fotogenia y talle de Joan Fontaine, las canciones son olvidables y sobra al menos media hora de metraje. ¿Alguien se pregunta por qué Wilder no reincidió con la música y el baile?

'Ellos y ellas' – Joseph L. Mankiewicz, 1955
Este éxito de Broadway poblado de mafiosos, tahúres y coristas cayó en manos de un director en principio poco apropiado. A Mankiewicz lo que se le daba bien era inflar la verborrea de sus personajes. No obstante, el resultado tuvo la excelencia habitual en el director. Aunque Marlon Brando no fue la mejor elección para el rol protagonista –destroza sin rubor canciones como la emblemática "Luck be a lady"-, estuvo bien secundado por Frank Sinatra, Jean Simmons, que reveló sus dotes para el género, y Vivian Blaine, asegurando que la soltería produce en las mujeres los mismos síntomas que la gripe.

'Oklahoma' – Fred Zinneman, 1955
Ante este gran musical de Rodgers & Hammerstein, Zinneman se mostró igual de estático y académico que en sus filmes más grandes que la vida De aquí a la eternidad y Un hombre para la eternidad. Por suerte, la película despega con un largo ballet de 15 minutos que resume todo el argumento. El acertado reparto es de lo más singular: la estrella fugaz Gordon MacRae y Shirley Jones –que años después ganaría un Oscar y rodaría con Raphael- encarnaron a los bisoños protagonistas. También estaban ahí la femme fatale Gloria Grahame, que interpretó sus números a pesar de su sordera, y el duro Rod Steiger, que encarna a un villano que resulta más simpático que cualquier otro personaje. Un clásico.

'Funny girl' – William Wyler, 1968
Una elección todavía más dudosa que la de Zinneman: la especialidad de Wyler era el western –"Me quedo despierto por las noches pensando en nuevas formas de subir y bajar del caballo", decía- y además se encontraba en una etapa laboral más bien renqueante. El mayor problema, sin embargo, vino de la mano de la diva protagonista, Barbra Streisand, que no dudó en callarse sus –numerosas- peticiones y exigencias, dando lugar a uno de los enfrentamientos preferidos por los cinéfilos. Pese a todo, se conservó parte del brillo original de la obra: ahí están "Don’t rain on my parade" o "People", por ejemplo.

'Oliver!' – Carol Reed, 1968
El gran título del musical británico hasta que llegó El fantasma de la ópera. Carol Reed es conocido, sobre todo, por El tercer hombre –otra autoría discutida-, aunque también son suyas las estimables Larga es la noche o El tormento y el éxtasis. Reed adaptó con acierto este clásico de Dickens, con pegadizas canciones y espectaculares coreografías. Su reparto está lleno de juguetes rotos: dos de los protagonistas y el compositor murieron por alcoholismo; de los fenomenales Ron Moody –con un Fagin a la altura del de Alec Guinness- y Shani Wallis, poco más se supo. En cuanto al niño que encarna a Oliver Twist, el angelical Mark Lester, desarrolló una mediocre carrera y hace unos años afirmó ser el padre biológico del hijo pequeño de Michael Jackson. Cosas de la farándula.

'El fantasme del paraíso' – Brian de Palma, 1973
Una década antes del rompedor El fantasma de la ópera ya existía una versión musical de la novela de Gaston Leroux: Brian De Palma reinventó la historia del músico desfigurado que bebe los vientos por una jovencita de privilegiada voz, ambientándola en el mundo del rock y el mercado discográfico. Vista hoy, resulta bizarra y estridente, y condensa lo mejor y lo peor de los años 70. Paul Williams, músico oficial de Los Teleñecos y ganador del Óscar por la letra de "Evergreen", compuso la notable banda sonora e interpretó al malo de la película. Los fans del primer De Palma la encontrarán fascinante.

'Annie' – John Huston, 1982
Quizá alguien pensó que el pendenciero y maravilloso John Huston despojaría de edulcorante al cuento de la huérfana en busca de un padre rico en la Gran Depresión, uno de los musicales más sentimentales de la historia de Broadway. No fue así. Dirigida con una evidente desgana que empañó las –estupendas- canciones, hasta la famosísima "Tomorrow" resulta del todo insípida. Huston se redimió con El honor de los Prizzi y Dublineses. La protagonista, Aileen Quinn -elegida de entre 8.000 aspirantes y absolutamente insoportable en el film-, no tuvo esa suerte: el fantasma de Annie siempre la persiguió y actualmente es profesora de español en Nueva Jersey.

'Todos dicen I Love You' – Woody Allen, 1996
Un capricho de Allen: su habitual trama coral de tics sentimentales y familiares, sazonada con canciones de los años 20 y 30 del pasado siglo. Los intérpretes no supieron que se trataba de un musical hasta que comenzó el rodaje; sin embargo, todos se las apañaron para cantar –Julia Roberts, Edward Norton, Alan Alda, el reparto es de campanillas-, salvo Drew Barrymore, que convenció al propio director de lo pésima que era su voz. El film resulta muy agradable, y la escena de baile entre Allen y Goldie Hawn en la ribera del río, homenaje a Un americano en París, es antológica.

'Bailando en la oscuridad' – Lars Von Trier, 2000
Esta película es, sencillamente, un milagro. El tormentoso viaje de una mujer a punto de quedarse ciega que trabaja duramente para poder operar a su hijo del mismo problema es lúgubre y pesimista. Intencionadamente, comienza con referencias a Sonrisas y lágrimas y termina con el final más deprimente visto en el género desde Dinero caído del cielo. Pero es inevitable sustraerse al efecto de una Björk arrolladora en su primera y quizá última aparición cinematográfica: su enfrentamiento diario con el director es por todos sabido –"Me escupía cada día", ha afirmado Von Trier-. La música también corrió de su cuenta. Entre los secundarios se encuentra Joel Grey, inolvidable maestro de ceremonias de Cabaret.

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El mago hizo un gesto y desapareció el hambre,
hizo otro gesto y desapareció la injusticia,
hizo otro gesto y se acabó la guerra.
El político hizo un gesto y desapareció el mago.


(Woody Allen)

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