Las claves de 300: El origen de un imperio

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Las claves de 300: El origen de un imperio

Mensaje por CHARLY el Jue 6 Mar 2014 - 23:07

Este fin de semana llega a los cines 300: El origen de un imperio, la adaptación de la nueva obra de Frank Miller que amplía el universo de Leónidas y sus 300 espartanos. Una cinta que no es ni precuela ni secuela de la original y que guarda varias claves que la diferencian (o asemejan) al éxito de 2006.

- Cambio de director. Noam Murro (Smart People) toma el relevo de Zack Snyder y es quien se sienta ahora en la silla de director. Enfrascado en la saga de Man of Steel, cuya secuela comenzará a rodar en pocas semanas, Snyder se limita ahora a ejercer de guionista y productor.

- Borbotones de sangre en 3D. El director ha cambiado pero no el envoltorio. Y es que 300: El origen de un imperio respeta escrupulosamente la estética de la cinta de Snyder y amplifica algunas de las herramientas y mecanismos visuales que se convirtieron en su seña de identidad. Sangrientas batallas en cámara lenta aderezadas ahora con el inevitable 3D.


- Antes, durante y después. Como ya hemos dicho no estamos ni ante una precuela ni tampoco ante una secuela. 300: El origen de un imperio se remonta hasta diez años antes de lo ocurrido en las Termópilas, la batalla de Maratón. Luego la historia nos cuenta lo que ocurría en el resto de Grecia mientras los 300 espartanos resistían el empuje de los persas y también relata lo que sucedió después de su heroica derrota y que desembocó en la batalla de Salamina.

- Campo de batalla: El Egeo. En esta ocasión los escarpados parajes de las Termópilas deján paso a una batalla en alta mar que enfrentará a la alianza griega contra la imponente flota de Jerjes capitaneada por la letal Artemisia (Eva Green).

- Capas azules. Pese a que los espartanos forman parte de la historia, durante gran parte del metraje de El origen de un imperio las capas granates de los bravos soldados comandados por Leónidas dejan paso a las azules de los griegos unidos bajo el mando de Temístocles (Sullivan Stapleton).

- La alargada sombra de Leónidas. Y aunque Gerard Butler no ha participado en la nueva producción, sí que veremos algunos planos de Leónidas rescatados de la película de 2006. Las referencias a su figura y a su gesta son constantes.

- Las comparaciones son odiosas. Con la figura del carismático monarca espartano flotando en el ambiente durante casi toda la película, las comparaciones con el nuevo héroe, Temístocles, el caudillo de la Grecia unida, son inevitables. Y el político y general ateniense al que da vida Sullivan Stapleton no siempre sale bien parado.

- La reina Lena Headey. En Esparta o en Poniente. Encarnando a la brava Gorgo o la pérfida Cersei Lannister... pero siempre reina. La viuda de Leónidas, a la que vuelve a dar vida la actriz británica que sí ha participado en la nueva película, es uno de los personajes fundamentales de 300: El origen de un imperio.

- Viejos conocidos. No solo la reina de Esparta repite. En 300: El origen de un imperio nos reencontramos con rostros como los de Rodrigo Santoro, que vuelve a dar vida al autoproclamado Rey-Dios Jerjes; David Wenham que retoma su papel como Dilios, el soldado al que tras quedar tuerto Leónidas manda de vuelta a Esparta para relatar su hazaña; y también Andrew Tiernan, el deforme traidor Efialtes que vendió a los espartanos.Al cine

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¿Es Frank Miller el supervillano fascista del cómic mundial?

Mensaje por Soyasí el Vie 7 Mar 2014 - 19:19


Bienvenidos a la madre de todos los combates del cómic. A la izquierda, Alan Moore. A la derecha, Frank Miller. Segundos fuera... Hablamos de los dos historietistas más famosos del mundo, de los creadores que reinventaron la moralidad de los superhéroes en los años ochenta, de las mentes que parieron Watchmen (1986/1987) y El regreso del caballero oscuro (1986). Un antagonismo que podría resumirse así: si la máscara del héroe de Alan Moore en V de Vendetta (1982-1987) es ahora un símbolo de la protesta global post-15-M, las opiniones de Miller sobre los activistas no son precisamente benévolas:

"Occupy Wall Street no es otra cosa que una panda de gamberros, ladrones y violadores, una multitud ingobernable alimentada por la nostalgia de Woodstock, la época de la falsa justicia podrida. Estos payasos no puede hacer nada, salvo dañar a EEUU".

Miller colgó esta rajada en su web en noviembre de 2011… pero sigue abriendo la página más de dos años después. Como se pueden ustedes imaginar, el quilombo fue de campeonato. El artículo generó más de 11.000 comentarios sólo en la web de Miller. El primero que hay a la vista, arranca así: “Estimado Frank: Solía ser tu mayor fan. Ahora estás muerto para mí". Y esto quizás sea lo más tibio que se llama al creador estadounidense...

Alan Moore respondió a Miller al poco tiempo:

"Frank Miller es alguien cuyo trabajo apenas he ojeado en los últimos veinte años. Sin City era recalcitrantemente misógino. Y 300 era salvajemente ahistórico, homofóbico y completamente equivocado". Según Moore, Miller dijo lo que todos "esperaban de él" sobre Occupy Wall Street, un movimiento que apostó de un "modo muy inteligente" por la "no violencia". "Quizás sea esa la causa de que a Frank Miller no le agrade... Si se hubiera tratado de una pandilla de jóvenes, sociópatas y vigilantes maquillados como Batman, igual hubiera estado a favor".

A vueltas con la ideología

Las posiciones políticas de Miller vuelven a estar ahora de actualidad por el estreno (hoy) de la segunda parte de 300 (El origen de un imperio), nueva adaptación cinematográfica de sus cómics sobre la batalla de las Termópilas y los fogosos guerreros de Esparta.

La pregunta del millón sería la siguiente: ¿es Frank Miller un fascista, como aseguran ahora algunos de sus antiguos fans? La respuesta precisa sería: no. O al menos, no exactamente.

Pepo Pérez, dibujante de cómics y uno de los mayores expertos internacionales en Miller como autor de una tesis de más de 1.000 páginas sobre su obra, responde a la cuestión matizando algunos tópicos:

“Frank Miller solía ser un libertarian en el sentido estadounidense, como lo es Clint Eastwood, por ejemplo. Alguien que desconfía del Estado y de los políticos en general, y que tiende a confiar más en el individuo, en cuya iniciativa, méritos y pactos voluntarios deposita la capacidad de la comunidad para prosperar. Como buen libertarian, está a favor de dar la máxima libertad personal a cada individuo; me refiero a que no es un conservador en aspectos privados del individuo como el sexo o la religión (se ha declarado ateo públicamente en varias ocasiones), cuestiones en las que ni le gusta meterse ni le gusta que la gente se meta (en contra de lo que a veces se ha dicho sin mucho conocimiento de causa, hay varios personajes homosexuales, positivos, en sus obras, mujeres y hombres)”, cuenta a El Confidencial.

Pérez tampoco cree que Miller sea racista (“Una de sus heroínas favoritas, Martha Washington, es afroamericana, la Miho de Sin City es asiática") y destaca su activa posición “en favor de la libertad de expresión” y “en contra de todo tipo de censura”.

Según Pérez, la cabeza de Miller estaría repleta de interesantes paradojas ideológicas. “Tiene una fuerte influencia del pensamiento individualista de Ayn Rand, como muchos estadounidenses aún hoy, pero su cultura familiar católica –Miller es estadounidense de ascendencia irlandesa– le hace admirar el sacrificio y la entrega por los demás, que es algo antagónico al pensamiento randiano. Rand despreciaba la idea de que un individuo tuviera que sacrificarse por otro; Miller, en cambio, convirtió el sacrificio heroico en el tema personal, recurrente, de sus obras”.

De hecho, la ambivalencia política de Miller era hasta hace poco uno de los hitos de su carrera. Aunque el testosterónico 300 no sea precisamente su tebeo más irónico y matizado, resulta curioso ver cómo su adaptación cinematográfica (300, Zack Snyder, 2007) generó una avalancha de teorías sobre su significado (muchas de ellas contradictorias entre sí) que parecían servir para reforzar cualquier argumento político por disparatado que fuera.

Esta multiplicidad de significados políticos sería uno de los puntos fuertes del autor. En ese sentido, las opiniones políticas de Miller habrían servido más para enriquecer su obra que para contaminarla, al menos hasta que se le cruzó un cable tras el 11-S.

“Una de las habilidades de Miller hasta comienzos de los 2000 era la capacidad de crear obras polisémicas, que podían entenderse en un sentido político u otro según la ideología de cada lector. Su especialidad era la ironía, la parodia y la sátira sociopolítica; la practicó en obras como The Dark Knight Returns (1986), Elektra: Assassin (1986-87), Give Me Liberty (1990-91) o The Dark Knight Strikes Again (2001-2002).

A menudo parodiaba actitudes políticas y sociales de ambos lados del espectro ideológico, derechas, izquierdas y lo que queda en medio. Su mentalidad en este sentido es contraria a la corrección política: se le solían ocurrir ideas satíricas muy graciosas, pero muy burras, que se prestaban a interpretaciones contradictorias, ideas que un creador con una actitud más pedagógica o militante jamás habría incluido. Miller solía ser muy irónico en sus obras hasta Holy Terror (2011), que no lo es en absoluto, y la ironía siempre es polisémica”, razona Pérez.

Esta pérdida de sentido del humor vino de la mano de un exacerbamiento de sus opiniones políticas que acabó por contaminar su obra en los últimos años. Y es que la entrada de Miller en el siglo XXI ha sido un tanto estrepitosa.

Aunque sus tebeos de referencia datan del siglo XX, su conversión en celebrity cultural tuvo lugar la pasada década. En parte porque en los años ochenta las novelas gráficas aún se denominaban tebeos; es decir, no tenían el estatus cultural que tienen ahora, cuando Miller puede aparecer sin problemas en la portada de un suplemento literario. En parte porque Hollywood no le abrió sus puertas del todo hasta los últimos años, con Miller ejerciendo de guionista, productor, codirector o director de superproducciones basadas en cómics (propios o ajenos) como 300, Sin City (2005) o The Spirit (2008).

Su pico de popularidad coincidió con el traumático evento político que marcó el cambio de siglo, el 11-S, que acabó por disparatar las opiniones políticas del autor estadounidense. Hasta el punto de que el cómic clave del Miller tardío (Holy Terror, 2011) no lo es tanto por su calidad (no parece gustar mucho) como por su fervor ideológico.

Miller anunció en 2006 un tebeo en el que Batman lucharía contra los supervillanos de Al-Qaeda, idea demasiado controvertida para grandes editoriales como DC Comics. Holy Terror (Terror sagrado) acabó siendo publicado por Legendary Pictures, productora de 300, sin censura, pero con un cambio fundamental: Batman había sido sustituido por un sucedáneo. Permanecía, eso sí, una furiosa mirada vengativa hacia el mundo árabe. La doctrina Bush en viñetas.

Miller no sólo no ocultó que se trataba de un cómic “propagandístico”, sino que se jactó de ello. Defendió dicho enfoque rememorando los históricos tebeos de los años cuarenta en los que los grandes superhéroes americanos le pateaban el trasero a Hitler y a sus esbirros nazis.

“El joven Miller era mucho más ‘moderado’, en el sentido de que no le gustaba posicionarse públicamente en términos políticos, y se disgustaba si le tachaban de ‘fascista’ o de conservador. Jugaba más a dejar abierto el sentido de sus obras y le gustaba mantenerse en tierra de nadie, satirizando a republicanos y demócratas por igual. A partir de los atentados del 11-S, sin embargo, su pensamiento se radicalizó hasta el punto de defender la necesidad del nacionalismo y las actitudes patrióticas (algo que hasta entonces había parodiado en diversos cómics) y apoyar la guerra de Irak. El 11-S, que vivió a pocas manzanas, cambió su postura política, que desde entonces es más bien la de un ‘halcón liberal’. Está obsesionado con el terrorismo islámico, al que considera la mayor amenaza para las democracias occidentales desde el nazismo”, zanja Pérez.














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300: El origen de un imperio conquista la taquilla

Mensaje por BUSTER el Lun 10 Mar 2014 - 13:45

Sin Leónidas, pero con el respaldo del público. Así ha regresado 300 a los cines, conquistando el número uno de la taquilla de forma incontestable.

En los 58 mercados de todo el mundo donde se ha estrenado 300: El origen de un imperio ha recaudado casi 133 millones dólares. Al margen de Estaddos Unidos, los países en los que mejor ha funcionado fueron Rusia con 9,2 millones de dólares; Francia, con 7,2 millones; Corea del Sur, con 6,5 millones y Brasil con 5,8 millones y donde cinta es ya el mejor estreno de marzo de todos los tiempos.

En la taquilla estadounidense Temístocles y compañía recaudaron 45 millones de dólares en venta de entradas (26,9 millones de euros), ganando la batalla por el primer puesto en la recaudación en taquilla del fin de semana en Norteamérica y dejando muy atrás a la película infantil Mr. Peabody & Sherman.

Mr. Peabody & Sherman, basada en segmentos de la serie de televisión animada de los años 60 'Peabody's Improbable History', en la que aparecía los personajes Rocky y Bullwinkle, recaudó 32,5 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá.

El primer puesto de la semana pasada, Non-Stop dirigida por el español Jaume Collet-Serra, bajó a la tercera plaza con 15,4 millones de dólares. La película está protagonizada por Liam Neeson, que interpreta a un agente de la ley alcohólico que intenta detener una serie de asesinatos en un vuelo internacional. Web

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Las mejores frases de «300» y su relación con la historia real

Mensaje por Soyasí el Miér 12 Mar 2014 - 8:09

«Regresa con el escudo o sobre él»

Las mujeres espartanas se jactaban de que solo ellas eran capaces de parir hombres de verdad. De hecho, es conocido que los niños nada más nacer eran reconocidos para ver si tenían algún defecto. Si no estaban sanos eran abandonados a su suerte. La dureza de las espartanas era conocida en el mundo entero y la frase se refería a que o volvían victoriosos con el escudo o muertos encima de él.


«Aquí lucharemos nosotros, aquí morirán ellos»

Los espartanos eran expertos en la pelea cuerpo a cuerpo. No solo por su preparación física especial (desde los siete a los 18 años se preparaban para la guerra), sino por su configuración de falange en la lucha. Consistía en pelear hombro con hombra, uniendo los escudos en formaciones de ocho hombres en filas de cuatro. Sus escudos eran grandes y entre las dos líneas formaban una barrera impenetrable. Sus corazas y cascos resistían los lanzazos de los persas cuando por un azar superaban sus barreras.

Las lanzas espartanas, pesadas y muy potentes, pasaban por encima de la primera línea de la falange y atravesaba como mantequilla las débiles corazas persas. Es por esta formación de falange que los hombres debían tener alturas parecidas y por eso rechazan al jorobado formar parte del ejército. Al no poder levantar el escudo habría roto la formación?


«No les deis nada, arrebatádselo todo»

Las guerras para los espartanos eran algo más que una batalla. Era una forma de vivir. De hecho, era la mejor forma de vivir y cuando entraban en ella se encontraban en su salsa. Eran feroces e implacables. No hacían prisioneros y cuando el rival caía, lo remataban sin consideración. Si acorralaban a un número ya de vencidos los empujaban hasta el mar o si estaban en el suelo les cortaban la cabeza de un solo tajo.


«Esto es Esparta»

Es la frase que pronuncia Leónidas antes de enviar a los emisarios persas al pozo de las sombras. Ser emisario en aquellos tiempos era profesión de alto riesgo, sobre todo si ibas a Esparta y te comportabas como un chulito de barrio bajo. En aquellos años los emisarios persas hacían alarde del poder del ejército de, primero, el rey Darío, y luego de su hijo Jerjes. Adelantaban al grueso de sus tropas e iban pidiendo tierra y agua, que era la forma de pedir sumisión a las naciones que iban atravesando en su continúa invasión.


«Esta noche cenaremos en el infierno»

Para los espartanos la muerte no era tal como la vemos hoy en día. Para ellos era casi el cénit de la gloria. Morir en la batalla era lo más honroso que podía ser para un guerrero. De hecho, cuando los niños cumplían siete años eran arrebatados a sus madres para comenzar una instrucción que duraría once años. La preparación era durísima, no solo en las peleas cuerpo a cuerpo sino en las condiciones de vida. Apenas les daban de comer y para sobrevivir tenían que robar. La última prueba era matar a un hoplita antes de poder entrar en el ejército a los 18 años. Desde ese momento, morir era casi una liberación de una vida dura como el granito.


«Entonces pelearemos a la sombra»

Respuesta de Dienekes, uno de los guerreros de Leónidas, cuando un emisario amenaza a los espartanos: ?Nuestras flechas cubrirán el sol?, a lo que Dienekes respondió con sorna: ?Entonces pelearemos a la sombra?. Razón tenían ambos. Aunque algunas fuentes hablan de que el ejército de Jerjes estaba compuesto por millón y medio de hombres, la realidad aproxima el número a unos 250.000 soldados más los que iban en las naves que acompañaban al ejército de tierra.

Los arqueros persas tenían famas de certeros y eran numerosos por lo que es probable que la lluvia de flechas fuera enorme. De hecho, en el último día de batalla Jerjes no quiso arriesgarse a tener más bajas y liquidó a los pocos espartanos que quedaban en vida con sus arqueros. La respuesta de Dienekes también tiene sentido porque los escudos espartanos eran tan grandes que agachados podían cubrirse enteros de las flechas persas.

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300: El origen de un imperio… y la alargada sombra de Leónidas

Mensaje por Cinemelomanoman el Miér 19 Mar 2014 - 23:15

Ni secuela ni precuela. Con esta etiqueta llega a los cines 300: El origen de un imperio, la cinta que nos relata qué sucedió antes, durante y después de que Leónidas y sus tres centenares de valerosos (y neumáticos) espartanos dejaran su vida en las Termópilas.

Siete años después del estreno de 300, Noam Murro (Smart People) toma el relevo de Zack Snyder -enfrascado en el nuevo Superman y que en esta ejerce solo de productor y guionista- y se sienta en la silla de director para expandir el épico universo alumbrado en el papel por Frank Miller.

El arco argumental de 300: El origen de un imperio abarca el tramo que va desde la Batalla de Maratón hasta la de Salamina. Dos capítulos fundamentales en las Guerras Médicas que enfrentaron al Imperio Persa y a las ciudades-estado helenas entre los que se ubica el episodio el sacrificio espartano de las Termópilas, al que la película hace constantes referencias.

Así, 300: El origen de un imperio nos relata cómo el griego Temístocles se convirtió en el héroe de Maratón y acabó con la vida del rey persa Darío y cómo se forja el mito de Jerjes como Rey Dios y su odio por los pueblos bañados por el Egeo.

Frente a esta femme fatal de los mares nos encontramos con Sullivan Stapleton, el actor que encarna a Temístocles, el héroe griego. Político y comandante a partes iguales, hombre de estado y firme defensor de la democracia, Temístocles tiene la difícil misión de aglutinar a todas las ciudades-estado para intentar frenar al gigante persa.

Ellos, junto a Lena Headey, la ladina Cersei Lannister de Juego de Tronos, que vuelve a dar vida a la viuda reina espartana Gorgo, son los actores fundamentales de 300: El origen de un imperio. Una cinta que imita y amplifica el estilo visual de la película original aunque adolece de su atractivo y frescura.

TEMÍSTOCLES NO ES LEÓNIDAS

Su trama es mayor y más compleja, su estética idéntica pero su personalidad y su impacto en el espectador es sensiblemente menor. A la adaptación de la nueva novela gráfica de Frank Miller le falta la originalidad, el ritmo, el músculo y, sobre todo, el carisma que hicieron de la primera película un objeto de culto para los amantes del cine de acción y mamporros.

Y buena parte de la culpa la tiene el nuevo protagonista. El Temístocles de Sullivan Stapleton sale realmente malparado de todas y cada una de las (inevitables) comparaciones que se puedan establecer con Leónidas. Ni su porte, ni sus discursos, ni siquiera su abdomen cincelado a golpe de ratón tienen nada que hacer frente al monarca espartano al que Gerard Butler dotó de músculo y, sobre todo, carácter.

Una tara que supone un lastre demasiado pesado para una producción que tiene poco que poner encima de la mesa más allá de una sobredosis de épica y testosterona y el impacto visual de sus batallas navales, los mamporros a cámara lenta y borbotones de sangre en 3D.

300: El origen de un imperio no pasa de ser un correcto, sangriento y bien facturado entretenimiento que además engrandece la gloria de su predecesora. Antes y después de su muerte, la sombra de Leónidas es muy alargada. Tanto que puede llegar a cubrir toda la Grecia unida.

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Re: Las claves de 300: El origen de un imperio

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