Las 10 peores series del año

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Las 10 peores series del año

Mensaje por Soyasí el Vie 28 Dic 2012 - 11:03

Con una temporada de estrenos tan decepcionantes lo que nos apetecía realmente era practicar el despotrique. Y aquí estamos, espadas en alto, dispuestos a hacer un poquitín de sangre con los 10 peores bodrios, fracasos y decepciones de 2012.

De nuevo, el criterio de selección ha sido la más pura y dura subjetividad: cinco títulos cada uno -y sí, habrían sido cientos- seleccionados entre las indigestiones seriéfilas de este año. Nos dejaremos muchas, olvidaremos otras aún peores y seguramente les indignemos con nuestras particulares filias y fobias. Pero para eso están estas listas, ¿no?

Lo que se nos ha atragantado este año en la pequeña pantalla es…

1. Revolution
(Bárbara Ayuso) El óscar a la bazofia del año tiene nombre propio: J.J. Abrahams. Servidora ya se desahogó con el amigo en una carta de despedida cuando sacó de la cadena de montaje Revolution. Los que acudimos a su encuentro seducidos por los fuegos artificio propios de sus producciones, acabamos chamuscados por un argumento de partida interesante y un desarrollo demente. Un apocalipsis de guapos, que sin pies de cabeza, trató de fusionar todos los géneros para acabar como un comistrajo de imposible digestión. Me invade la pereza de volver a recordar aquel mejunge, aquella serie que todo el mundo debería haber olvidado ya, no merece más. Si acaso, otro tirón de orejas por haber involucrado en el despropósito al genial Giancarlo Espósito. Antes de mandarla a la fosa de la indiferencia eterna, le reconoceré un mérito: Revolution marcó la orden de alejamiento definitiva entre Jota Jota y yo. Fringe y Star Trek las compartiremos en fines de semana alternos.


2. Awake
(Bárbara Ayuso) El caso de Awake es una de las metamorfosis más veloces de la televisión actual. Arrancó con tintes de serie ambiciosamente minoritaria, derivó en algo pasable aunque con ínfulas, y se desinfló hasta el delirio sentimentaloide más desganado. El punto de partida era atractivo: un detective de policía sufre un accidente de tráfico, en el coche en el que viajaba con su mujer y su hijo. Al recobrar la consciencia en el hospital, descubre que su hijo falleció. Pero cuando vuelve a dormirse y despertar, la que ha muerto ha sido su mujer, atrapando a Mark Britton en dos realidades paralelas empeñadas en entrecruzarse. Con una imagen potente y cuidada, Awake nos regaló un piloto más que bueno, que parecía prometerse como el inicio de una gran temporada pero que se quedó en eso: un saco lleno de promesa. Dicen que fueron las bajas audiencias lo que fue erosionando la producción de la NBC, que cada vez abordaba tramas más poco atractivas y previsibles. ¿Merece Awake ir a la hoguera? No, claro que no. En conjunto, ha acabado como una del montón, prescindible y olvidable. Ni la más guapa ni la más fea del baile. El motivo de incluirla en esta lista no es otro que la frustración de una serie que decidió rebajar el listón cuando se anunció que no tendría segunda temporada. ¿Era realmente necesario ese vergonzoso final? No hay nada peor que una serie que, sabiéndose tocada de muerte, hace una faena de aliño y remata de cualquier manera. Y todavía hay quien lo compara con el glorioso final de Twin Peaks. No me hagan reír.


3. Alcatraz
(Bárbara Ayuso) Sí, otra de J.J. en la lista. Pero es que no hay más remedio. Otra de las apuestas del año que comenzó con mal pie, vendiéndonos un traje de seda que no pasaba de felpa baratona. He escuchado decir que la serie arrancó bien, con plantamiento atractivo, pero se fue estropeando: ni-de-coña. Desde el principio, Alcatraz dejó claro que no tenía ninguna intención de ir más allá que los cliffhangers a mansalva y los misterios comprados por kilos. O si no, ¿a qué viene plantar protagonistas con menos carisma que un gato de escayola? Por si fuera poco despropósito, la serie tomó todos los elementos de las series procedimentales para acabar haciendo una parodia del género de lo más vergonzosa. Serie presumida que se permitió mirar por encima del hombro a las demás, cuando le habría ido mucho mejor camuflándose entre las series del montón a las que les basta con entretener ó guiarnos al sueño. Pero no. El genio de las gafas de pasta no ha nacido para crear series comunes que apesten a plebe: él sólo alumbra éxitos. Ninguna pena que este sea otro de esos que desaparece por el desagüe de su ego.


4. Elementary
(Bárbara Ayuso) Los puristas de Sherlock Holmes tienen material para criticar Elementary hasta desmayarse: Waltson es una mujer, Sherlock es un dipsómano tatuado y desaliñado… y tantos otros incumplimientos con el personaje de Conan Doyle. Como lleva pasando desde Basil Rathbone a Guy Ritchie, las versiones del eterno personaje siempre generan una cierta polémica casticista. Pero es que, en mi opinión, lo peor que tiene Elementary no es haber rebajado hasta el límite de lo vulgar a uno de los detectives más queridos de la historia. Ni haberlo llevado a Nueva York, ni hacerle adicto al frasco. Mi crítica fundamental no está en las diferencias que separan a este Sherlock de garrafón del original, sino en las semejanzas. Porque hace trampa: toma el nombre del personaje para crear algo completamente nuevo, y aprovecharse del tirón del detective de Doyle. ¿O cuántos habríamos visto Elementary si nos la hubieran presentado como otra procedimental más, con pareja protagonista tensionada sexualmente ? Para eso ya están Castle, El Mentalista o incluso CSI. Que es exactamente lo que es Elementary: otra serie sin pretensiones, que ha tratado de hacernos picar el anzuelo diciéndonos que adapta, una vez más, a Sherlock Holmes. Te hemos visto el plumero, y así, no.


5. Chicago Fire
(Bárbara Ayuso) Reconozcámoslo: ver chulazos mola. Y no es que vayamos a hacer aquí una apología de la belleza hercúlea del torso desnudo, sino más bien una destrucción absoluta de Chicago Fire, la serie de los bomberos cachondones. Si no la han visto, su argumento se resume rápido: bomberos intensos que en casa y en el trabajo sufren problemas de bomberos intensos. Ya. Simple, tontorrona y vacía, la serie está construida con todos los lugares comunes y tópicos que se encuentra a su paso. Apagafuegos 1 que pierde a compañero en incendio, apagafuegos 2 que culpa a apagafuegos 1 de la muerte … Y cuando empiezas a aburrirte, ¡zas! una camiseta cae al suelo y un macizo trata de distraer tu atención, para que olvides la soporífera trama y te centres en la tableta. Un cebo de categoría, ¿eh?. Si con ustedes lo logra, consúltelo con su médico o suminístrele algo a sus hormonas. Porque si algo hace Chicago Fire es demostrar que, hasta los torsos más musculados, necesitan un armazón argumental mínimamente decente para mantenernos frente al televisor. Qué os habíais pensado, monadas.


6. Terra Nova
(Juanma González) Estrenada la temporada pasada, la arriesgada apuesta de ciencia ficción de Fox se emitió a lo largo de todo el año pasado y duró tan solo un año. Y aunque su cancelación se deba a los números (los de audiencia y los de la factura de cada episodio, ciertamente elevada), tampoco nos extraña. Terra Nova, la historia de una familia normal y corriente en un increíble viaje en el tiempo a la Tierra prehistórica, parece una bifurcación desnatada de Avatar, con la que comparte la figura del poderoso Stephen Lang, la asombrosa Parque Jurásico y la fecunda enajenaciones dramáticas de la fundamental serie Perdidos. Pese a tomar algo de aire de la mano de sus villanos, la serie nunca se desharía del síndrome de la hermana pobre, con unos efectos visuales costosos pero ridículos. Después de una única tanda, tras llegar haciendo el ruido posible, la apuesta televisiva de Spielberg para el año pasado se marchó en silencio.


7. Guys with kids
(Juanma González) Reúne los vicios más rancios de la telecomedia americana, sin ninguna vuelta de hoja adicional que le disculpe. Apadrinada por el insoportable Jimmy Fallon, de SNL, e interpretada el igualmente insoportable Anthony Anderson, una de esas celebridades destinadas a triunfar sólo entre su colectivo racial, la serie narra las aventuras de tres padres primerizos, adultos todavía niños, en la Nueva York de nuestros días. Guys with kids, de la NBC, parece simplemente una serie congelada en los noventa y emitido en el 2012. Los tópicos de la moderna comedia americana hubieran necesitado de otra vuelta. Junto a Los ángeles de Charlie, el mayor patinazo reciente que haya tenido que tragarme.


8. Anger Management
(Juanma González) La caída en desgracia del peso pesado Charlie Sheen parece no tener fin, como tampoco parece tenerlo, todo hay que decirlo, su capacidad de reciclaje y la guasa con la que parece tomarse su propia persona. El Estévez más rebelde planificó su regreso en una serie que ya desde el principio parece creada como una muestra de suficiencia, un airado gesto hacia el productor de Dos hombres y medio. Sheen, expulsado de la exitosa sitcom ideada por Chuck Lorre, y con su personaje muerto y enterrado en el comienzo de la novena temporada (¡arrollado por un vagón de metro!), se tomó su regreso a la televisión como algo personal. Lo hizo en una pseudo adaptación de la comedia Ejecutivo agresivo, protagonizada por Sandler y Nicholson, que no aporta nada salvo a fans de la persona de Sheen y que por lo demás es simplemente rancia.


9. The office
(Juanma González) En su temporada ocho, el ejemplo perfecto de serie alargada hasta la extenuación y en la que ya nada de nada es lo mismo. Pam y Jim son padres (adiós a su tensión sexual), los secundarios apenas aportan nada, y evidentemente ya hace años que no está Steve Carell, el tipo que nos demostró que era posible alucinar con los inventos sin límite de los jefes, y a la vez quererlos. Al igual que en Cómo conocí a vuestra madre, en las que apenas se necesita un par de episodios para retirar el beneficio de la duda, The Office, la serie que nos convenció que podía ser un remake y ser distinto, y que por ello brilló durante varias y premiadas temporadas, debería echar el cierre y no prolongar más su agonía (para eso, al fin y al cabo, ya tenemos Los Simpson).

10. Fenómenos, El barco…
(Juanma González) Las grandes apuestas de las privadas me siguen pareciendo una cáscara vacía, un precocinado audiovisual. La receta es fácil, al menos sobre el papel: cojamos los éxitos del otro lado del charco, no importa que pertenezcan a un par de lustros atrás. Añadamos humor patrio o un constante afán de sorpresas y sensualidad sin igual, dependiendo de si sale o no sale Mario Casas. Todo ello, eso sí, de la mano de un equipo voluntarioso en lo artístico y técnico… y nada más. Nada hay de genuinamente interesante en muchas de las series favoritas del gran público, que buscan el impacto pero sólo consiguen el topetazo. Pero ya saben: el precocinado es el alimento del futuro. aquí

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hizo otro gesto y desapareció la injusticia,
hizo otro gesto y se acabó la guerra.
El político hizo un gesto y desapareció el mago.


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