Análisis de Juan Orellana, director del Departamento de Cine sobre el Código Da Vinci

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Análisis de Juan Orellana, director del Departamento de Cine sobre el Código Da Vinci

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 9:56

La polémica novela de Dan Brown. No vamos a ofrecer aquí los argumentos históricos y escriturísticos que reducen a cenizas cada uno de los “hallazgos” del film. Hay sobrado material bibliográfico y de internet sobre ello y a menudo tratado con rigor científico.

Nos interesa más bien analizar el conjunto de la película como “mensaje”, así como la concreción de su puesta en escena. La tesis argumental de la película es que Jesucristo no era Dios, sólo un buen hombre, que casado con María Magdalena fundó un linaje de sangre real que ha llegado hasta nuestros días en el anonimato.

La Iglesia, a lo largo de la historia, habría tratado de ocultar esos hechos para poder oprimir y dominar a la gente sencilla, y especialmente a las mujeres. Pero un grupo de elegidos, conocidos como “El priorato de Sión”, han salvaguardado el secreto por los siglos. La película nos cuenta lo que ocurre cuando un prelado del Opus Dei, ayudado de un psicópata vestido de fraile, decide acabar para siempre con ese terrible secreto que amenaza al poder moral de la Iglesia.

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La cuestión principal

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 9:58

La película, queriendo o sin querer, aborda en su núcleo una cuestión decisiva: ¿Es posible verificar hoy la pretensión divina de Cristo? La película da por sentado que no hay forma de verificarlo, ni hoy ni nunca. Para ello niega la autoridad testimonial de los Evangelios canónicos, que no de los apócrifos, aceptados acríticamente; ofrece una interpretación antihistórica del Concilio de Nicea y de la figura de Constantino; propone una lectura marxista de la tradición y del magisterio de la Iglesia como superestructura ideológica que encubre una voluntad de poder y opresión, en la línea nietzscheana de utilizar el miedo a la muerte como instrumento para gestionar la voluntad de Dios en el mundo; por último, no sólo rechaza que la Iglesia sea el lugar espacio-temporal en el que Cristo sigue vivo y presente, sino que afirma lo contrario, que la Iglesia lucha por ocultar la continuidad “biológica” de Cristo a lo largo de los siglos a través de sus supuestos descendientes.

Que Cristo sea Dios no puede demostrarse por el Carbono 14, aunque su resurrección está rodeada de indicios coherentes con una demostración científica, sino porque obró y obra cosas que son imposibles para los hombres, especialmente la más inaccesible a la voluntad humana como es cambiar el corazón, colmar sus anhelos, llenarle de alegría, introducir una dinámica de postividad, amor, perdón,… que rompe todos los límites de la muerte y del mal. Ese ha sido el motor de la historia y es la explicación de que una realidad tan llena de pecado como la Iglesia sea la única que atraviesa la historia engrandeciendo la humanidad de todos los que sinceramente se dejan tocar por ella.

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El cristianismo como un mito pagano

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 9:59

Al negar cualquier excepcionalidad a la persona de Cristo, el film le reduce casi a un fantasma de la historia, por ende manipulable, un comodín para cualquier antojo, un mero nombre susceptible de ser sujeto de cualquier predicado. La conclusión de la película es que Cristo fue un hombre sin más que ha sido obligado por la Iglesia a aparentar más de lo que era.

Por la contra, según el film, es María Magdalena la que deber ser objeto de nuestra veneración, por ser un símbolo femenino de raiz pagana, símbolo del protagonismo histórico que las mujeres estaban llamadas a vivir y que fue radicalmente cercenado por la Iglesia. Se insiste mucho en el punto de que la Iglesia ha manipulado las tradiciones paganas que sería el lugar donde debería ser interpretado el cristianismo.

Se propone en varios momentos invertir el curso de la historia, desenmascarar la superchería cristiana y volver al punto inicial: la verdadera religión pagana, inmanentista, que rinde culto a la fecundidad y al encuentro sexual dotándoles casi de una dimensión cósmica. Frente a ello, el cristianismo es la religión del crucificado, de la muerte, de la represión de la mujer y del sexo; es la religión de la flagelación y el cilicio, de la sangre,… todo lo que encarna el personaje de Silas. Nietzsche en estado puro.

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La conclusión New Age.

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 10:00

Los últimos minutos del film son enjundiosos. Del diálogo final entre Robert Langdon y Sophie Neveu, descendiente de Jesús y de la Magdalena, se desprende esta tesis: Es irrelevante que Cristo fuera Dios o no, lo importante es lo que uno crea.

“Cada uno es lo que defiende”. Este relativismo radical, sinónimo de subjetivismo, se convierte en el críterio decisivo del sentido de la vida. Mejor dicho, niega el sentido de la vida. Afirmar un significado a la realidad implica una concepción metafísica que obligaría a considerar como importante la divinidad o no de Cristo.

Dicho de otra forma: si la vida no tiene sentido, realmente importa poco quien fuera Jesús de Nazareth. Pero si en el hombre hay una exigencia irrenunciable de significado, la pretensión de Cristo de ser Dios se convierte en una parada irrenunciable y urgente en el camino de la búsqueda del sentido.

Por tanto, la tesis del film es de un nihilismo burgués de perfiles nítidos. Eliminemos la pregunta y evitaremos las complicaciones de la respuesta. En el plano final, Langdon se arrodilla sobre la tumba de la Magdalena, encontrada gracias a una combinación de signos paganos, y enterrada en el fondo del Museo del Louvre, en París. Ya no es Roma el centro “religioso” de Occidente. Sino París, capital de la Ilustración, de la Revolución francesa, del laicismo.

Ya no es una Basílica como la de San Pedro el lugar de la oración, sino un Museo, sede de la cultura, del saber humano, única sabiduría admitible. El Misterio ha sido sustituido por la diosa Razón. Y Langdom se arrodilla, reza,… ante la nueva religión. La prostituta salvada por Cristo recuerda ahora a aquella prostituta que en París fue coronada en la Catedral para celebrar el triunfo de la Razón durante la revolución francesa.

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Las referencias al Opus Dei

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 10:02

Si en Mar Adentro de Amenábar, el episodio del sacerdote tetraplégico se cargaba el film por su ridiculez y falta de empaste con el resto, aquí ocurre lo mismo con la trama referida al Opus Dei, y que encarnan el Prelado Aringarosa y el frailuno psicópata Silas. El prelado está dispuesto a acabar con aquellos que guardan el secreto del Santo Grial, que no es el cáliz que portó la sangre de Cristo, sino el hecho de que Cristo se casó con la Magdalena, que estaba embarazada en el momento de la Crucifixión. Para ello, ordena a Silas que entre oración y oración, entre flagelo y cilicio, vaya asesinando a los custodios -senescales- de tal secreto.

La relación que se establece entre ambos es similar a la que existe entre el personaje de Renfield con el Nosferatu de Murnau y con el Drácula de Browning, a saber, un loco visionario entregado a su “Maestro” en el cumplimiento de misiones diábolicas.

Estas tramas, que arrancan más carcajadas que otra cosa, no impiden que en varios momentos del film se defina al Opus Dei como una secta, lo cual se sale de las licencias del género para entrar de lleno en algo denuciable desde un punto de vista legal.

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La puesta en escena

Mensaje por CHARLY el Sáb 8 Sep 2012 - 10:04

El cineasta Ron Howard nos ofrece una aproximación fría, distante y muy aburrida a los estrambóticos sucesos que nos cuenta la novela. Desde el punto de vista formal el film es tremendamente decepcionante: no hay emoción, apenas hay acción, es muy discursivo y las interpretaciones son acartonadas, pobres y esquemáticas.

Por otra parte, el metraje se hace eterno, y la calidad de la banda sonora de Hans Zimmer está muy por encima del nivel dramático del film, lo que tampoco le favorece. Los flashbacks históricos son expresionistas y caricaturescos, la resolución de las tramas es casi siempre verbal y confusa, y muchas situaciones del thriller son puerilmente inverosímiles (baste recordar la escena en la que Silas rompe a golpes la Linea Rosa, las tópicas reuniones palaciegas del “Concilio”, la secuencia del Banco a lo James Bond, el diálogo en el avión, la fuga del aeropuerto…)

Las caracterizaciones de los personajes no son propias de un thriller con pretensiones serias. El monje Silas, como hemos dicho anteriormente, es el que se lleva la peor parte, construido como un patético combinado de Golum y Norman Bates. Las conversaciones telefónicas en latín, los cardenales jugando al billar en un palacio lleno de cirios, las explicaciones confusas y atolondradas, las patéticas reacciones del comisario del Opus, son sólo algunos ejemplos de una interminable lista de hilarantes patochadas que van lastrando un film ya de por sí irregular y tedioso.

En fin, un film que trata de Cristo y de la Iglesia y que desconoce absolutamente la materia de la que trata. No hay un solo destello de verdad histórica, teológica, antropológica en todo su desarrollo. La Iglesia necesita detractores más serios, como Bergman, Dreyer o Pasolini. Ron Howard ha vuelto a bajar más peldaños de su escalera profesional.


PANTALLA 90, la revista de cine de la Conferencia Episcopal Española, hace un análisis del estreno de la versión cinematográfica de El Código Da Vinci. Para solicitar información de Pantalla 90, llame al 91 343 96 72 o contacte con http://www.pantalla90.es


Director del Departamento de Cine de la CEE

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Re: Análisis de Juan Orellana, director del Departamento de Cine sobre el Código Da Vinci

Mensaje por BUSTER el Sáb 8 Sep 2012 - 19:56

Me quedo con este párrafo:

El cineasta Ron Howard nos ofrece una aproximación fría, distante y muy aburrida a los estrambóticos sucesos que nos cuenta la novela. Desde el punto de vista formal el film es tremendamente decepcionante: no hay emoción, apenas hay acción, es muy discursivo y las interpretaciones son acartonadas, pobres y esquemáticas.

Vaya tostón de película, me quedé dormido hacia la mitad del metraje. affraid

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Re: Análisis de Juan Orellana, director del Departamento de Cine sobre el Código Da Vinci

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